Que una computadora pueda entender instrucciones escritas en palabras —y no en cadenas de símbolos imposibles— no es algo que pasó solo. Alguien lo tuvo que hacer posible. Esa persona fue Grace Hopper, y el camino hasta lograrlo tardó años, porque nadie le creyó cuando dijo que se podía.

¿Quién fue Grace Hopper?

Nació en 1906 en Nueva York. Estudió matemáticas y física en Vassar College y se doctoró en matemáticas en Yaleen 1934, cuando eso era una rareza absoluta para una mujer. Dio clases en Vassar hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial y decidió alistarse en la Marina de los Estados Unidos.

La enviaron a Harvard a programar el Mark I, uno de los primeros ordenadores electromecánicos de gran escala. Fue la primera programadora en trabajar con esa máquina, y llegó a escribir un manual de 561 páginas sobre sus rutinas de operación. Era apenas el comienzo.

La idea que nadie quiso escuchar

En 1949, Hopper se unió a la empresa que desarrollaba el UNIVAC I, la primera computadora comercial de gran escala. Fue ahí donde propuso algo que pareció descabellado: crear un programa capaz de traducir instrucciones escritas en lenguaje humano al código que entendían las máquinas.

Le dijeron que era imposible que las computadoras solo podían hacer cálculos aritméticos. Siguió igual. En 1952 presentó el compilador A-0, el primero de la historia. Era la semilla de todo lo que vino después, incluyendo los lenguajes de programación que hoy dominan el ecosistema open source.

Lámpara encendida representando el ingenio humano

COBOL: el lenguaje que todavía está ahí

En 1959, Hopper participó en la creación de COBOL (Common Business-Oriented Language), el primer lenguaje de programación diseñado para aplicaciones de negocios. La idea era que cualquier persona —no solo un matemático— pudiera escribir un programa útil usando palabras en inglés.

COBOL no es historia antigua. Hoy sigue corriendo en sistemas bancarios, gubernamentales y de salud en todo el mundo. Si alguna vez hiciste una transferencia bancaria, es probable que en algún punto del proceso haya habido código COBOL de por medio. Ese legado dice bastante sobre cómo aprenden y procesan lenguaje los sistemas que usamos a diario. Y todo empezó con una mujer que insistió en que las máquinas podían entender palabras.

Militar, docente y contraalmirante

Hopper no solo programó, también enseñó. Dio hasta 300 conferencias por año para explicar qué podían hacer las computadoras y por qué los negocios deberían usarlas. Era una comunicadora excepcional en un campo que tendía al hermetismo técnico.

Se retiró de la Marina en 1966, fue llamada de vuelta al año siguiente para estandarizar los lenguajes del sistema, y volvió a retirarse en 1986 a los 79 años con el rango de contraalmirante. Fue la oficial de mayor edad en servicio activo en la historia de la institución. Podés leer más sobre su trayectoria en este perfil de National Geographic y en el blog de Adalab, que repasa su historia con mucho detalle.

La frase que la define

Hopper es conocida por muchas cosas, pero hay una frase que la resume mejor que cualquier título: “La frase más dañina en cualquier idioma es ‘siempre lo hicimos así’.” La dijo en innumerables conferencias, y era exactamente lo que describía su propia carrera: una historia de hacer lo que le decían que no se podía.

Esta es la tercera entrega de la serie Mujeres que construyeron la tecnología. Ya podés leer las notas sobre Radia Perlman y Ada Lovelace. La próxima: Margaret Hamilton.