Hoy nos toca despedir al inigualable y desde siempre imprescindible diseñador argentino Jorge Frascara (1939–2026), que nos dejó a fines de febrero.

Tuve el honor de asistir, allá por los años ’90, a una disertación que brindó en el salón de actos de la Facultad de Bellas Artes de La Plata, Buenos Aires. Recuerdo la claridad de sus ideas y, sobre todo, la profundidad ética con la que abordó cada reflexión. No hablaba sólo de diseño: hablaba de responsabilidad.

Para entonces ya había publicado Diseño Gráfico y Comunicación (1988), un texto fundamental que ayudó a consolidar el diseño como disciplina de estudio y no meramente como práctica estética. Años más tarde, en 1997, publicaría Diseño Gráfico para la Gente, donde profundizó en temas como la comunicación de masas, el diseño de información y el compromiso social del diseñador.

Libro que representa el diseño gráfico como herramienta social y comunicativa

Ambos libros se convirtieron —y continúan siendo— textos de cabecera para todo profesional que aspire a ejercer el diseño a conciencia. En ellos, Frascara insistía en que el diseño no es decoración, sino comunicación; no es estilo, sino claridad; no es autorreferencia, sino servicio.

A lo largo de su carrera, fue profesor emérito en la University of Alberta (Canadá), donde dejó una profunda huella académica. También presidió Icograda —hoy conocida como International Council of Design— entre 1985 y 1987. Icograda (International Council of Graphic Design Associations) es una organización internacional que nuclea asociaciones profesionales de diseño y promueve estándares, ética y desarrollo disciplinar a nivel global. Su liderazgo allí contribuyó a reforzar la idea del diseño como disciplina con método, evaluación y responsabilidad social.

Frascara sostuvo siempre que el diseño debía medirse por su eficacia comunicacional y por el impacto real que generaba en las personas. En una de sus reflexiones más citadas, afirmaba que el diseño gráfico es, ante todo, una actividad orientada a producir comunicaciones visuales eficaces. Y eso implicaba todo un trabajo de comprensión, contexto, investigación y evaluación.

Por eso su partida física es una tristeza, porque no sólo despedimos a un diseñador, autor y docente; despedimos a un pensador que sostuvo con fundamentos claros la verdadera dimensión del ejercicio del diseño.

Su legado es insustituible: nos recordó que diseñamos para personas reales, en contextos reales, con consecuencias reales.

Hasta siempre, Jorge Frascara.